Mujer, Arte y Tecnología
Las mujeres y las TIC: la jaula digital
En la actualidad la tecnología se relacionan con casi todos los ámbitos de nuestras vidas. El cambio tecnológico ha derivado en un nuevo paradigma informacional que dio lugar a la sociedad red (Castells, 2006). Este cambio de cosmovisión se considera un proceso irreversible y es utilizado como índice del progreso de una sociedad. De aquí se desprende que las ventajas que propicia esta nueva sociedad ultra conectada no es homogéneo ni geográfica ni en muchos otros aspectos: podemos corroborar que las nuevas formas de trabajo en la economía del conocimiento repiten los viejos modelos de explotación (Wjacman, 2006). Y deberíamos agregar que añaden nuevas desigualdades. Haciendo un paralelismo entre la globalización y la tecnología, tanto en una como en otra se da el hecho de que, aunque no todos somos parte o accedemos a ellas, todos nos vemos afectados por su existencia. Y si incluimos aquí la comunicación, que hoy también esta globalizada, podemos decir que aunque los productos mediáticos circulen a nivel internacional, esa circulación es un proceso estructurado en el que no todas las instituciones ni todas las regiones del mundo tienen el mismo peso (Thompson, 1998).
Estas disparidades que el acceso a la tecnología acarrea, se han denominado brecha digital. Tal como puntualizan con mucha claridad Adriana Gil y Montse Vall-llovera: “En el ámbito de las tecnologías de la información y la comunicación que actualmente determina nuestras vidas, se ha venido denominando brecha digital a las barreras, fundamentalmente socioeconómicas, que impiden el acceso a las TIC a determinados colectivos o regiones”. Pero luego agregan algo que es particularmente relevante para este trabajo: “…entre las barreras que dificultan el uso tecnológico, el género parece evidenciarse como un impedimento central, y tan reiterativo que algunos autores y autoras lo llaman la segunda brecha digital” (2009).
Por tanto, además de esta brecha producto de las diferencias entre países “ricos” y países “pobres”, o mejor dicho entre ricos y pobres independientemente del lugar del mundo en el que se encuentren, aparecen otras brechas, vinculadas no al acceso, si no al uso. ¿Quién produce contenidos? O en palabras de Thompson: ¿Quiénes “suministran bienes simbólicos” y quienes son receptores de los mismos?
Volviendo a las reflexiones de Gil y Vall-llovera, diremos que una larga historia de inequidades y oportunidades vedadas a las mujeres en el marco de una sociedad que ha sido construida desde una perspectiva masculina ha derivado en que muchas de ellas se encuentren carentes y limitadas para acceder a determinados espacios dentro de la misma. Y esta situación es extensible al uso de las tecnologías. Según las estadísticas proporcionadas por Imma Tubella en su texto sobre media y globalización el número de internautas se duplica anualmente. En 1973 había 25 ordenadores conectados a la red; en 1995 el número suma 44.000; y en el 2003, 700 millones. Estas cifras son un claro exponente del poder de la globalización de la tecnología y nos llevan directa e inevitablemente a plantearnos si la digitalización del mundo está siendo acompañada de una mayor participación de las mujeres en las redes. Pero, sobre todo, de qué índole es este acercamiento. Puesto que no es lo mismo participar en la sociedad en red como tele-operaria o cajera que como un agente activo de la misma (Zafra, 2005).
Si consideramos como válida la premisa que enunciamos líneas más arriba que propone que las sociedades modernas son masculinas, y el diseño de las tecnologías que nos acompañan también lo son, el rezago de las mujeres para acceder y apropiarse de ellas no puede omitir que el problema de acceso es también un asunto de cosmovisión. Y entonces, podría ocurrir que esta diferencia que encontramos en el modo o formato de uso de hombres y mujeres o niños y niñas tenga que ver con un profundo problema de “sentido” (Gil y Vall-llovera, 2009). Forzar una mayor adaptación al mundo masculinizado de las niñas y mujeres, no solamente no resuelve la brecha de la cual estamos hablando si no que podría profundizarla al no considerar las causas subyacentes a cierta reticencia al uso de una tecnología “masculina”. Por el contario, habría que intentar subsanarlo desde el diálogo y la confrontación de intereses.
En este punto, nos parece importante rescatar que esta dificultad de las mujeres de adaptación a un modelo que no les es propio, se puede comprobar en otro tipo de casos como las propuestas alternativas a la PC (Personal Computer). Tenemos interiorizado el PC como la forma por excelencia de un ordenador de la misma forma que también reproducimos otras ideas vinculadas a la informática como si fueran naturales o intrínsecas al propio desarrollo de la tecnología (y no un modelo posible entre muchos otros potenciales). Los teóricos de la segunda brecha digital evidencian una vez más que las TIC no son inocentes y que sus lenguajes y códigos no son estructuras neutras y meros conectores (Gil y Vall-llovera 2009). Y todas las industrias de la informática (tanto de software como de hardware) se producen y reproducen estas ideologías, inclusive de forma automatizada (Zafra, 2005).
Por tanto, hablar de esta segunda brecha digital significa pensar el tipo de tecnologías que usamos y las posibilidades que las mismas nos brindan (nuestra superficie posibilitante). Implica también pensar que si la ciencia y la tecnología de la cual han derivado las TIC están masculinizada (sistema dominante y reglado), ¿cómo desde el arte podríamos utilizar esos mismos medios para crear un discurso reflexivo? Y particularmente, ¿cómo las y los artistas pueden adoptar unas herramientas que supuestamente no le son propias para subvertirlas (“femenizarlas”) y crear con ellas un discurso diferente?
Proponemos entender la idea de lo masculino y lo femenino de una forma figurada, para hacernos eco de las teorías sobre las que estamos trabajando. Por tanto, como símbolo de un mundo estructurado de tal forma en la cual no todos cabemos (brecha digital) ni todos nos sentimos cómodos (segunda brecha digital).
El arte y las mujeres: un leve balanceo del sistema
Si las mujeres solieron ser las musas y modelos inspiradoras de los artistas a lo largo de la historia del arte, a partir las vanguardias históricas y más tarde de los movimientos artísticos de la década del sesenta, el campo del arte se ha visto enriquecido por el aporte de la producción femenina. Este cambio vino conjuntamente con otro fenómeno inédito (por su magnitud) en la historia del arte: la aparición de la tecnología que logró modificar y continúa modificando el lenguaje artístico tal y como hemos visto en el apartado anterior.
Tanto las fotógrafas del siglo XIX como las primeras mujeres que experimentaron con vídeo analógico (Martha Rosler, Guerrilla Girls, Pipilotti Rist) mostraron un especial interés en tematizar y problematizar el rol que cumplían en la sociedad desde un discurso que cuestionaba los modelos culturales arraigados en la sociedad occidental. La aparición de las TIC en la década de los noventa junto con las nuevas estrategias artísticas y la apropiación de estos dispositivos tecnológicos por parte de la sociedad en general, y de los artistas en particular, nos propone el desafío de verificar como se han apropiado de estos dispositivos las mujeres y si han generado discurso equiparables a los de sus antecesoras técnicas y analógicas. Y efectivamente nos encontramos con que desde estas nuevas prácticas tecnológicas aplicadas al campo del arte se ha reflexionado sobre las formas de entender la tensión masculino-femenino, pero desde una perspectiva de superación de la mirada dicotómica hombre-mujer, reemplazada por la comprensión del concepto de feminidad como una construcción del lenguaje. En ese ámbito es que el concepto de ciberfeminismo ha sido encumbrado como una posibilidad de comprender el cyborg en los términos planteados por Donna Haraway de un ir más allá en la definición de hombre y mujer, superando con esto, las premisas feministas anteriores a los setenta. Esto en parte por que la propia historia de la tecnología ha ocultado durante mucho tiempo la importancia de las invenciones en la esfera femenina, lo que su vez ha servido “para reforzar el estereotipo cultural que consagra la tecnología como actividad adecuada para los hombres” (Wajcman, 2006).
Pero, ¿cómo se han acercado las mujeres a la tecnología? ¿Qué herramientas utilizan? ¿Qué temas les interesa trabajar? ¿Lo hacen en entornos colaborativos? ¿Arte, mujer y tecnología es una categoría válida o es una forma de alimentar la segunda brecha digital?
El trabajo de un gran número de artistas, comisarias y teóricas trabajando actualmente con tecnología en Cataluña entre ellas Remedios Zafra, Nuria Verges, Eva Cruel, Alba G. Corral, Lilia Villafuerte, el colectivo Corpus Deleicti, Lucía Egaña, Perla Montelongo, Nuria Canal, Rosa Sánchez (Konic Thtr), etc. nos ha inspirado a entrevistarlas y hacerles estas y otras preguntas. Y hemos podido ver cuestiones como que las mujeres activistas no viven el uso de la tecnología de la misma forma que las que no lo son. Para los grupos de feministas –en general- el dominio en el uso de la tecnología y los programas de código libre, forma parte de la emancipación y del cambio de paradigma tecnológico al que hay que arribar. Para aquellas quienes no han llegado a ese punto en cuanto a sus conocimientos tecnológicos, se convierte, como mínimo, en un meta deseable: “Esto nos da vergüenza decirlo porqué no es nada software libre. Bueno ahora mismo usamos poco, a partir de lo que tenemos, yo tengo un Mac y hacemos cosas con el iMovie, así súper sencillo” (Corpus Delecti).
Por el contrario, la mayoría de las chicas no activistas no encuentran un problema en tener buenas ideas y llamar a un chico (o chica) para que se las programe. Pero inclusive aquellas que programan como el caso de Alba G. Corral quien proviene del mundo de la informática no concibe que en las nuevas generaciones la apropiación tecnológica sea disímil y nos dice: “Y sí hay ahora más mujeres, pero porque estamos en otra generación, y las herramientas como Processing han entrado en las escuelas, han entrado en las galerías, han entrado en los conciertos. Entonces, en todos estos lugares hay mujeres, y por tanto las mujeres van a trabajar con ello, pero no por ser mujeres específicamente. No sé, las personas se interesan y hay mujeres y hombres y pagan igual las matrículas las mujeres que los hombres, y los impuestos lo mismo, entonces ya está”.
Los temas que les interesa abarcar en su obras son variados, pero son muy pocas las mujeres que no han considero directa o indirectamente a lo largo de su trayectoria profesional reflexionar sobre el tema de género, o bien sobre sus propios cuerpos como una tecnología: “Soy directora, dirijo un proyecto (…) intento que sean la mayoría mujeres, y bueno soy consciente de toda la problemática que vivimos solo por el hecho de ser mujeres y de trabajar en contexto tecnológico, (…) pero la temática de mis proyectos no han seguido directamente vinculadas a la temática de género, aunque siempre trabajo en relación al cuerpo, exploraciones sobre el cuerpo humano, y sobre todo el cuerpo femenino” (Rosa Sánchez).
Muchas coinciden en el tema de las cuestiones aprehendidas y que debemos eliminar o repensar: “…lo que nos encontramos es que existe todavía esa dicotomía entre el chico que está más formado técnicamente y, la chica que es muy creativa pero que no tiene esos conocimientos y, creo que ahí hay una cuestión fundamental que es la de “las herencias en los estereotipos” y es algo muy perverso en nuestro sistema actual, en el sentido de que no se trata solamente de que se te da un acceso a usar algo, se trata de como se van construyendo las motivaciones y los deseos de las persona…” (Remedios Zafra).
En cuanto a la categorización “arte, mujer y tecnología” algunas opinan que sirve para afianzar la presencia de mujeres en este campo y que hasta que exista una igualdad real hay que seguir trabajando desde esa perspectiva, visibilizando el trabajo de las mujeres. En cambio otras consideran una contradicción la categoría en relación al supuesto problema de la segregación.
Lo importante es que todas, independiente de su postura, con su trabajo demuestran que la mujer sí tiene un rol y se vincula con la tecnología, y en muchos casos de una manera muy creativa y muy libre.
Por una mirada plural: maquina o maravilloso
Por un lado, nos encontramos con posturas que ven en las TIC una puerta abierta hacia nuevos modelos de sociedad, si se quiere, más equitativo. Se las lee como un espacio de disidencia, de expresión, de cambio. En el propio campo del arte han permitido y acompañado la reflexión sobre el mundo que nos ha tocado vivir. Por otro lado, nos encontramos con la idea de que las tecnologías no han hecho tanto por la equidad de derechos y que por el contrario ha exacerbado el modelo dominante. Por tanto, y tal como hemos puntualizado anteriormente, hablar de la apropiación de la mujer-artista de la tecnología, significa primero plantearse cómo es esa tecnología y desde que perspectiva ha sido generada. Zafra, y junto con ella muchos otros teóricos, nos recuerdan que el ordenador no puede ser considerado una máquina neutral, ni un artefacto construido al margen de las estructuras sociales aceptadas y amparados por la idea generalizada de que la ciencia y su discurso son transparentes y objetivos.
“¿Existe alguna alternativa más allá de estas dos opciones limitadas: rechazar de plano las tecnologías existentes o adoptar sin sentido crítico el cambio tecnológico?” (Wajcman, 2006) Tal vez la mirada feminista intenta abrirse camino entre estos polos opuesto de los utopistas y anti-utopistas tecnológicos (o tecnófobos y tecnófilos).Cuando Thompson critica -muy lúcidamente- la teoría del imperialismo cultural de Schiller utiliza como ejemplo la postura de éste último en relación a que los dispositivos tecnológicos fabricados en EEUU son invasores del mercado de los países del Tercer mundo, lo que pone en jaque sus costumbres, sus modos de vida y su identidad derivada de un mundo supuestamente tradicional o incluso tribal. Thompson nos recuerda brevemente la historia, una historia llena de encuentros y mestizaje, de unos pueblos que en su mayoría –porque no todos- han sido y se han ido transformando muchas veces a lo largo de la historia con el encuentro y desencuentro violento con otras culturas. El autor no pretende ocultar que la globalización de la comunicación puede dar lugar a nuevos modos de dominio cultural, pero recalca que no podemos entender estas nuevas formas ni sus consecuencias si consideramos que las culturas “anteriores” estaban a salvo de los valores impuestos desde el exterior. La idea de imperialismo cultural destaca una aproximación demasiado simplista a los procesos de recepción y apropiación de contenidos (Thompson, 1998). Esta reflexión que parte de la teoría hermenéutica, nos ha llevado a considerar que tal vez, para el caso de las mujeres se abriría una puerta si pudiéramos pensar su relación con la tecnología de esa misma manera. Existe un paralelismo en la idea de una relación de poder asimétrica (países productores de tecnología o países invadidos por la tecnología – construcción de la sociedad a través de una cosmovisión masculina o cosmovisión plural del mundo) y esa compresión de la historia, nos tiene que dar herramientas a futuro.
Con esto en mente se hace evidente que no son solo las mujeres las únicas que deben explorar la construcción (y los mensajes implícitos) de la tecnología y negociar su contenido simbólico con ella, si no que es algo propio a todas las personas y particularmente (y en forma más consciente) a aquellas que pretenden un discurso crítico. Una actitud feminista (pese a la contradicción del propio término) debe erigirse realmente como una postura pluralista que entienda las limitaciones de un sistema en su dimensión histórica, y utilice ese saber para adecuar el imaginario tecnológico a las necesidades de los distintos usuarios/productores. Con ello se generarán nuevos modelos de uso que podrían derivar en nuevos modelos de producción, aunque no parezca ser ese el orden del circuito en el mundo global. Particularmente en el caso del arte estos límites y estos modelos tienen que ser necesariamente cuestionados, porque esa es su función simbólica, como una de las prácticas que aún nos quedan para otorgar un tiempo de reflexión al mundo.
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DONA, ART I TECNOLOGIA
Les dones i les TIC: la gàbia digital
En l’actualitat la tecnologia es relaciona amb gairebé tots els àmbits de les nostres vides. El canvi tecnològic ha derivat en un nou paradigma informacional que va donar lloc a la societat xarxa (Castells, 2006). Aquest canvi de cosmovisió es considera un procés irreversible i s’utilitza com a índex de progrés d’una societat. D’aquí es desprèn que els avantatges que propicia aquesta nova societat ultra connectada no és homogeni ni geogràficament ni en molts altres aspectes: podem corroborar que les noves formes de treball en l’economia del coneixement repeteixen els vells models d’explotació (Wjacman, 2006). I hauríem d’agregar que afegeixen noves desigualtats. Fent un paral·lelisme entre la globalització i la tecnologia, tant en una com en l’altra es dóna el fet que, encara que no tots en formem part o hi accedim, tots ens veiem afectats per la seva existència. I si incloem aquí la comunicació, avui en dia també globalitzada, podem dir que encara que els productes mediàtics circulin a nivell internacional, aquesta circulació és un procés estructurat en el qual no totes les institucions ni totes les regions del món tenen el mateix pes (Thompson, 1998).
Aquestes disparitats que l’accés a la tecnologia implica, s’han denominat escletxa digital. Tal com puntualitzen amb molta claredat Adriana Gil i Montse Vall-llovera: “En l’àmbit de les tecnologies de la informació i la comunicació que actualment determinen les nostres vides, s’ha vingut denominant escletxa digital a les barreres, fonamentalment socioeconòmiques, que impedeixen l’accés a les TIC a determinats col·lectius o regions”. Però després agreguen una cosa que és particularment rellevant per a aquest treball: “…entre les barreres que dificulten l’ús tecnològic, el gènere sembla evidenciar-se com un impediment central, i tan reiteratiu que alguns autors i autores l’anomenen la segona escletxa digital” (2009).
Per tant, a més d’aquesta escletxa producte de les diferències entre països “rics” i països “pobres”, o millor dit entre rics i pobres independentment del lloc del món en el qual es trobin, apareixen altres bretxes, vinculades no a l’accés, si no a l’ús. Qui produeix continguts? O en paraules de Thompson: Qui “subministra béns simbòlics” i qui en són els receptors?
Tornant a les reflexions de Gil i Vall-llovera, direm que una llarga història de desigualtats i oportunitats vedades a les dones en el marc d’una societat que ha estat construïda des d’una perspectiva masculina ha derivat en que moltes d’elles es trobin mancades i limitades per accedir a determinats espais dins de la mateixa. I aquesta situació és extensible a l’ús de les tecnologies. Segons les estadístiques proporcionades per Imma Tubella en el seu text sobre media i globalització el nombre d’internautes es duplica anualment. Al 1973 hi havia 25 ordinadors connectats a la xarxa; al 1995 el nombre era de 44.000; i al 2003, 700 milions. Aquestes xifres són un clar exponent del poder de la globalització de la tecnologia i ens porten directament i inevitablement a plantejar-nos si la digitalització del món implica una major participació de les dones a les xarxes. Però, sobretot, de quin índole és aquest apropament. Ja que no és el mateix participar en la societat en xarxa com tele-operaria o caixera que com un agent actiu de la mateixa (Zafra, 2005).
Si considerem com a vàlida la premissa que enunciem línies més amunt que proposa que les societats modernes són masculines, i el disseny de les tecnologies que ens acompanyen també ho són, l’endarreriment de les dones per accedir i apropiar-se’n no pot ometre que el problema d’accés és també un tema de cosmovisió. I llavors, podria succeir que aquesta diferència que trobem en la manera o format d’ús d’homes i dones o nens i nenes tingui a veure amb un profund problema de “sentit” (Gil i Vall-llovera, 2009). Forçar una major adaptació al món masculinitzat de les nenes i dones, no només no resol l’escletxa de la qual estem parlant si no que podria aprofundir-la en no considerar les causes subjacents a certa reticència a l’ús d’una tecnologia “masculina”. Contrariament, caldria intentar solucionar-ho des del diàleg i la confrontació d’interessos.
En aquest punt, ens sembla important recobrar que aquesta dificultat de les dones d’adaptació a un model que no els és propi, es pot comprovar en un altre tipus de casos com les propostes alternatives al PC (Personal Computer). Tenim interioritzat el PC com la forma per excel·lència d’un ordinador de la mateixa forma que també reproduïm altres idees vinculades a la informàtica com si fossin naturals o intrínseques al propi desenvolupament de la tecnologia (i no un model possible entre molts altres potencials). Els teòrics de la segona escletxa digital evidencien una vegada més que les TIC no són innocents i que els seus llenguatges i codis no són estructures neutres i simples connectors (Gil i Vall-llovera 2009). I totes les indústries de la informàtica (tant de software com de hardware) es produeixen i reprodueixen aquestes ideologies, inclusivament de forma automatitzada (Zafra, 2005).
Per tant, parlar d’aquesta segona escletxa digital significa pensar el tipus de tecnologies que utilitzem i les possibilitats que les mateixes ens brinden (la nostra superfície de possibilitats). Implica també pensar que si la ciència i la tecnologia de la qual han derivat les TIC estan masculinitzades (sistema dominant i reglat), ¿com podríem des de l’art utilitzar aquests mateixos mitjans per crear un discurs reflexiu? I concretament, ¿com les i els artistes poden adoptar unes eines que suposadament no els hi són pròpies per subvertir-les (“feminitzar-les”) i crear amb elles un discurs diferent?
Proposem entendre la idea del masculí i el femení d’una forma figurada, per fer-nos ressò de les teories sobre les quals estem treballant. Per tant, com a símbol d’un món estructurat de tal forma en la qual no tots cabem (escletxa digital) ni no tots ens hi sentim còmodes (segona escletxa digital).
L’art i les dones: un lleu balanceig del sistema
Si les dones solien ser les muses i models inspiradores dels artistes al llarg de la història de l’art, a partir de les avantguardes històriques i més tard dels moviments artístics de la dècada dels seixanta, el camp de l’art s’ha vist enriquit per la contribució de la producció femenina. Aquest canvi va venir conjuntament amb un altre fenomen inèdit (per la seva magnitud) en la història de l’art: l’aparició de la tecnologia que va aconseguir modificar i continua modificant el llenguatge artístic tal com hem vist en l’apartat anterior.
Tant les fotògrafes del segle XIX com les primeres dones que van experimentar amb vídeo analògic (Martha Rosler, Guerrilla Girls, Pipilotti Rist) van mostrar un especial interès en tematizar i problematitzar el rol que acomplien en la societat des d’un discurs que qüestionava els models culturals arrelats en la societat occidental. L’aparició de les TIC en la dècada dels noranta juntament amb les noves estratègies artístiques i l’apropiació d’aquests dispositius tecnològics per part de la societat en general, i dels artistes en particular, ens proposa el desafiament de verificar com s’han apropiat d’aquests dispositius les dones i si han generat discursos equiparables als de les seves antecessores tècniques i analògiques. I efectivament ens trobem que des d’aquestes noves pràctiques tecnològiques aplicades al camp de l’art s’ha reflexionat sobre les formes d’entendre la tensió masculí-femení, però des d’una perspectiva de superació de la mirada dicotòmica home-dona, reemplaçada per la comprensió del concepte de feminitat com una construcció del llenguatge. En aquest àmbit el concepte de ciberfeminisme ha estat enaltit com una possibilitat de comprendre el cyborg en els termes plantejats per Donna Haraway d’un anar més enllà en la definició d’home i dona, superant amb això, les premisses feministes anteriors als setanta. Això en part perquè la pròpia història de la tecnologia ha ocultat durant molt temps la importància de les invencions en l’esfera femenina, el que alhora ha servit “per reforçar l’estereotip cultural que consagra la tecnologia com a activitat adequada per als homes” (Wajcman, 2006).
Però, com s’han apropat les dones a la tecnologia? Quines eines utilitzen? Quins temes els interessa treballar? Ho fan en entorns col·laboratius? Art, dona i tecnologia és una categoria vàlida o és una forma d’alimentar la segona escletxa digital?
El treball d’un gran nombre d’artistes, comissàries i teòriques treballant actualment amb tecnologia a Catalunya entre elles Remedios Zafra, Nuria Verges, Eva Cruel, Alba G. Corral, Lilia Villafuerte, el col·lectiu Corpus Deleicti, Lucía Egaña, Perla Montelongo, Nuria Canal, Rosa Sánchez (Konic Thtr), etc. ens ha inspirat a entrevistar-les i plantejar-los aquestes i altres preguntes. I hem pogut veure qüestions com que les dones activistes no viuen l’ús de la tecnologia de la mateixa forma que les que no ho són. Per als grups de feministes -en general- el domini en l’ús de la tecnologia i els programes de codi lliure, forma part de l’emancipació i del canvi de paradigma tecnològic al qual cal arribar. Per a aquelles que no han arribat a aquest punt en quant als seus coneixements tecnològics, es converteix, com a mínim, en una fita desitjable: “Això ens fa vergonya dir-ho perquè no es tracta de software lliure. Bé ara mateix n’utilitzem poc, a partir del que tenim, jo tinc un Mac i fem coses amb el iMovie, així supersenzill” (Corpus Delecti).
Al contrari, la majoria de les noies no activistes no consideren un problema el tenir bones idees i cridar un noi (o noia) perquè les ajudi a programar-les. Però inclòs aquelles que programen com el cas de l’Alba G. Corral qui prové del món de la informàtica no concep que en les noves generacions l’apropiació tecnològica sigui dissemblant i ens diu: “I sí, ara hi ha més dones, però perquè estem en una altra generació, i les eines com Processing han entrat a les escoles, han entrat a les galeries, han entrat en els concerts. Llavors, en tots aquests llocs hi ha dones, i per tant les dones treballaran amb això, però no per ser dones específicament. No sé, les persones s’interessen i hi ha dones i homes i paguen igual les matrícules les dones que els homes, i els impostos el mateix, llavors ja està”.
Els temes que els interessa treballar en les seves obres són variats, però són molt poques les dones que no han considerat directa o indirectament al llarg de la seva trajectòria professional reflexionar sobre el tema de gènere, o bé sobre els seus propis cossos com una tecnologia: “Sóc directora, dirigeixo un projecte (…) procuro que siguin la majoria dones, i bé, sóc conscient de tota la problemàtica que vivim només pel fet de ser dones i de treballar en context tecnològic, (…) però la temàtica dels meus projectes no han estat directament vinculades a la temàtica de gènere, encara que sempre treballo en relació amb el cos, exploracions sobre el cos humà, i sobre tot el cos femení” (Rosa Sánchez).
Moltes coincideixen amb el tema de les qüestions apreheses i que hem d’eliminar o repensar: “…el que ens trobem és que existeix encara aquesta dicotomia entre el noi que està més format tècnicament i, la noia que és molt creativa però que no té aquests coneixements i, crec que allà hi ha una qüestió fonamental que és la de “les herències en els estereotips” i és una cosa molt perversa en el nostre sistema actual, en el sentit que no es tracta només que se’t dóna un accés a usar alguna cosa, es tracta de com es van construint les motivacions i els desitjos de les persones… ” (Remeis Zafra).
Quant a la categorització “art, dona i tecnologia” algunes opinen que serveix per consolidar la presència de dones en aquest camp i que fins que existeixi una igualtat real cal continuar treballant des d’aquesta perspectiva, fent visible el treball de les dones. En canvi d’altres consideren una contradicció la categoria en relació al suposat problema de la segregació.
L’important és que totes, independentment de la seva postura, amb el seu treball demostren que la dona sí que té un rol i es vincula amb la tecnologia, i en molts casos d’una manera molt creativa i molt lliure.
Per una mirada plural: maquina o meravellós
D’una banda, ens trobem amb postures que veuen en les TIC una porta oberta cap a nous models de societat, si s’estima, més equitativa. Se les llegeix com un espai de dissidència, d’expressió, de canvi. En el propi camp de l’art han permès i acompanyat la reflexió sobre el món que ens ha tocat viure. D’altra banda, ens trobem amb la idea que les tecnologies no han fet tant per l’equitat de drets i que al contrari ha exacerbat el model dominant. Per tant, i tal com hem puntualitzat anteriorment, parlar de l’apropiació per part de la dona-artista de la tecnologia, significa primer plantejar-se com és aquesta tecnologia i des de quina perspectiva ha estat generada. Zafra, i juntament amb ella molts altres teòrics, ens recorden que l’ordinador no pot ser considerat una màquina neutral, ni un artefacte construït al marge de les estructures socials acceptades i emparats per la idea generalitzada que la ciència i el seu discurs són transparents i objectius.
“¿Existeix alguna alternativa més enllà d’aquestes dues opcions limitades: rebutjar de ple les tecnologies existents o adoptar sense sentit crític el canvi tecnològic? ” (Wajcman, 2006). Potser la mirada feminista intenta obrir-se camí entre aquests pols oposat de utopistes i antiutopistes tecnològics (o tecnófobos i tecnófilos).Cuando Thompson critica -molt lúcidament- la teoria de l’imperialisme cultural de Schiller utilitza com exemple la postura d’aquest últim en relació als dispositius tecnològics fabricats als EUA que són invasors del mercat dels països del Tercer món, els quals posa en alerta els seus costums, els seus modes de vida i la seva identitat derivada d’un món suposadament tradicional o fins i tot tribal. Thompson ens recorda breument la història, una història plena d’encontres i mestissatge, d’uns pobles que majoritàriament -perquè no tots- han estat i s’han anat transformant moltes vegades al llarg de la història amb encontres i desencontres violents amb altres cultures. L’autor no pretén ocultar que la globalització de la comunicació pot donar lloc a nous modes de domini cultural, però recalca que no podem entendre aquestes noves formes ni les seves conseqüències si considerem que les cultures “anteriors” estaven fora de perill dels valors imposats des de l’exterior. La idea d’imperialisme cultural destaca una aproximació massa simplista als processos de recepció i apropiació de continguts (Thompson, 1998). Aquesta reflexió que sorgeix de la teoria hermenèutica, ens ha portat a considerar que potser, per al cas de les dones s’obriria una porta si poguéssim pensar la seva relació amb la tecnologia d’aquesta mateixa manera. Existeix un paral·lelisme en la idea d’una relació de poder asimètrica (països productors de tecnologia o països envaïts per la tecnologia – construcció de la societat a través d’una cosmovisió masculina o cosmovisió plural del món) i aquesta compressió de la història, ens ha d’aportar eines de futur.
Amb això en ment es fa evident que no són només les dones les úniques que han d’explorar la construcció (i els missatges implícits) de la tecnologia i negociar el seu contingut simbòlic amb ella, si no que és quelcom propi de totes les persones i particularment (i de forma més conscient) a aquelles que pretenen un discurs crític. Una actitud feminista (malgrat la contradicció del propi terme) s’ha d’erigir realment com una actitud pluralista que entengui les limitacions d’un sistema en la seva dimensió històrica, i utilitzi aquest saber per adequar l’imaginari tecnològic a les necessitats dels diferents usuaris/productors. Amb això es generaran nous models d’ús que podrien derivar en nous models de producció, encara que no sembli ser aquest l’ordre del circuit en el món global. Particularment en el cas de l’art aquests límits i aquests models han de ser necessàriament qüestionats, perquè aquesta és la seva funció simbòlica, com una de les pràctiques que encara ens queden per atorgar un temps de reflexió al món.
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Alsina, P. (2007). Arte, ciencia y tecnología. Barcelona: Editorial UOC
Castells, M. (2006). La sociedad red: una visión global. Madrid: Alianza Editorial
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Sitios Web consultados:
Evento X0y1: http://www.x0y1.net/
Hangar: www.hangar.org
Donestech: http://www.donestech.net/
Alba G. Corral: www.albagcorral.com/
Mercedes Blasco: http://www.myspace.com/8burbuja8
Rosa Sánchez: www.koniclab.info
Corpus deleicti: http://www.youtube.com/user/corpusdeleicti
Remedios Zafra: http://www.remedioszafra.net/
PerlaMontelongo: http://www.etcetcetc.org/

